#ElPerúQueQueremos

HUELGAS NATIVAS

Publicado: 2011-05-30

La huelga contra la minera Santa Ana en la zona aymara de Puno parece que ha llegado a un final no tan claro y determinante. Por una parte está la ciudad de Puno que sin ser parte directa de la protesta ha sufrido saqueos, incendios y robos y por la otra la zona sur colindante con Bolivia que fue amenazada en su realidad biológica con el proyecto exploratorio de un cerro que proporciona agua para la vida misma de sus habitantes en las regiones Yunguyo, Copani, Cuturapi, Zepita y Pomata.

El cerro mencionado (en aymara parece que significara ofrenda de comidas al Apu tutelar) contiene preciosos metales que rendirían grandes aportes de dinero a Puno. Pero amenaza con destruir el equilibrio de la naturaleza pues el agua desaparecería o se envenenaría con la actividad minera.

No es que los aymaras no hayan explotado los minerales. Son los que inventaron el bronce mucho antes que los europeos (y eso requiere una temperatura superior a los mil grados). Pero ellos explotaban sus minerales con técnicas no destructivas, a lo mejor no comerciales en producción.

Pero el caso es qué se debe preferir un puñado de ganancia que se evapora pronto o la vida de miles de personas que viven allá desde tiempos inmemoriales desarrollando una agricultura muy próspera en quinua, kiwicha, lisas, ocas añu y otros cereales que son considerados alimentos de primer orden.

Los gobiernos, especialmente los centrales, no conocen la psicología de los pueblos y les importa un comino sus creencias. Dan proyectos y soluciones sin tener en cuenta los herederos inmemoriales de los habitantes de aquella región.

Una comisión ha acordado con el gobierno dar por terminado el paro. Pero incluye este término: la minera Santa Ana no deberá realizar ninguna explotación hasta dentro de un año. Ese detalle no agrada a algunos dirigentes como a Walter Anduvidri.

Al respecto  Monseñor Bambarén, ex obispo de Huacho que intervino en varias huelgas como conciliador, señala que no siempre todos representan a los intereses de la comunidad. Pero indudablemente ese `laza de un año es una espina que aparece en el acuerdo. Es que dentro de un año, la minera podrá contaminar las aguas que defienden los aymaras.

Los tratos con los nativos requieren de una mayor visión y cuidado. El originó el conflicto de Bagua y de otros lugares. El gobierno, sea de quien sea, en asuntos de los nativos tiene que estudiar con pinzas el problema. De otro modo habrá problemas en Espinar o en otros lugares del país 

La huelga contra la minera Santa Ana en la zona aymara de Puno parece que ha llegado a un final no tan claro y determinante. Por una parte está la ciudad de Puno que sin ser parte directa de la protesta ha sufrido saqueos, incendios y robos y por la otra la zona sur colindante con Bolivia que fue amenazada en su realidad biológica con el proyecto exploratorio de un cerro que proporciona agua para la vida misma de sus habitantes en las regiones Yunguyo, Copani, Cuturapi, Zepita y Pomata.

El cerro mencionado (en aymara parece que significara ofrenda de comidas al Apu tutelar) contiene preciosos metales que rendirían grandes aportes de dinero a Puno. Pero amenaza con destruir el equilibrio de la naturaleza pues el agua desaparecería o se envenenaría con la actividad minera.

No es que los aymaras no hayan explotado los minerales. Son los que inventaron el bronce mucho antes que los europeos (y eso requiere una temperatura superior a los mil grados). Pero ellos explotaban sus minerales con técnicas no destructivas, a lo mejor no comerciales en producción.

Pero el caso es qué se debe preferir un puñado de ganancia que se evapora pronto o la vida de miles de personas que viven allá desde tiempos inmemoriales desarrollando una agricultura muy próspera en quinua, kiwicha, lisas, ocas añu y otros cereales que son considerados alimentos de primer orden.

Los gobiernos, especialmente los centrales, no conocen la psicología de los pueblos y les importa un comino sus creencias. Dan proyectos y soluciones sin tener en cuenta los herederos inmemoriales de los habitantes de aquella región.

Una comisión ha acordado con el gobierno dar por terminado el paro. Pero incluye este término: la minera Santa Ana no deberá realizar ninguna explotación hasta dentro de un año. Ese detalle no agrada a algunos dirigentes como a Walter Anduvidri.

Al respecto  Monseñor Bambarén, ex obispo de Huacho que intervino en varias huelgas como conciliador, señala que no siempre todos representan a los intereses de la comunidad. Pero indudablemente ese `laza de un año es una espina que aparece en el acuerdo. Es que dentro de un año, la minera podrá contaminar las aguas que defienden los aymaras.

Los tratos con los nativos requieren de una mayor visión y cuidado. El originó el conflicto de Bagua y de otros lugares. El gobierno, sea de quien sea, en asuntos de los nativos tiene que estudiar con pinzas el problema. De otro modo habrá problemas en Espinar o en otros lugares del país.


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Rimayninchis

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